Especies únicas y en extinción

Si se habla del “arte” de amar, es porque requiere de una sabiduría especial, sobre todo después del enamoramiento inicial (y no hablo sólo de pareja, pues al principio de una amistad fuerte pasa lo mismo: es una fase de no-exigencia, de comprensión máxima). Gran parte de ese arte se llama respeto verdadero y es el antídoto de la decepción.

El respeto es un valor que sale a la palestra cuando se echa de menos, cuando nos falta. La propia expresión “falta de respeto” nos lo revela. Algunas veces se invoca también para prevenir: pedimos que se respete nuestra postura o nuestra decisión, cuando sospechamos que hay riesgo de que no se haga. ¿Por qué existe ese riesgo? ¿Dónde está el quid de la cuestión? Pues en la creencia de que existe una verdad, “lo correcto”, “la” realidad. Al principio de una relación casi todo me parece bien, pero luego, si creo que el otro va a hacer algo incorrecto o que le va a hacer daño, es fácil que haga cuanto esté en mi mano para impedírselo. Yo creo que actúo desde el amor…y es fácil que el otro crea que no le estoy respetando. Interesante dilema, que suele aparejar discusiones más o menos enrocadas o silencios ofendidos por no compartir el punto de vista sobre “lo que hay que hacer” o sobre cuál debe ser el espacio para la libertad individual en la relación.

¿Qué podemos hacer con todo esto? Quizá cambiar la creencia base (algo fundamental en el coaching) y darnos cuenta de que “la” realidad o “lo” correcto no existen, sino que hay tantas realidades como personas: cada uno de nosotros observa el mundo de una forma y actúa en función de lo que cree mejor. Un hombre no observa como una mujer; ni un español como un japonés; ni un joven de 16 años como un hombre de 57. Ni siquiera dos hermanos gemelos ven el mundo igual. Depende de la historia de cada uno: de lo que le ha ido pasando y de cómo lo ha ido interpretando e integrando en su vida.

En pareja, algunos creen que quererse mucho lleva de serie la App “Somos Uno”, y una pareja sana no tiene dos componentes, sino tres: Álvaro, Eva y la pareja Álvaro-Eva. El respeto por los componentes individuales es condición imprescindible en el arte de amar. Amarse no va de fundirse con el otro sino de respetarlo y aceptarlo, escuchando la historia que esa persona es y que la lleva a mostrarse como se muestra. Va de indagar en cómo observa el mundo, desde dónde, pues es eso lo que la lleva a actuar como actúa y pensar como piensa. Podemos conversar para abrir otras posibilidades e intercambiar puntos de vista, pero legitimando siempre que el otro es diferente.

Para amar al otro desde el respeto absoluto te puede ayudar saber que cada uno de nosotros es una especie única en extinción. Jamás habrá nadie igual, cuando muera habrá una especie menos. Los naturalistas no juzgan a los animales, sólo ven cómo viven, los describen y los aman. Haz tú lo mismo: cuida al “ejemplar único” que está a tu lado, busca su historia, entiende por qué vive o reacciona como lo hace y acéptalo desde la ternura. Puedes decidir no vivir con un lobo pero, si lo haces, acéptalo y no te quejes todo el tiempo de que aúlle o se alimente de carne. Puedes intentar que cambie algo, pero si decide seguir siendo lobo, acéptalo así o sigue tu camino agradecido y en paz.

Todos suscribimos el respeto como un valor a practicar, pero mantenerlo con quienes más queremos (pareja, familia, amigos) cuando creemos que se equivocan, ya no es tan fácil. Respetar conlleva asumir que el otro tiene (a partir de cierta edad) derecho a ser autónomo y decidir sobre su vida en función de cómo observa el mundo. Acertará, se equivocará, aprenderá: vivir es eso. El reto es acompañar sin invadir, apoyar sin sustituir, respetar y amar incondicionalmente. Demasiado bonito como para perdérnoslo…

¿Qué especie en extinción tienes a tu lado y no te das cuenta del hueco que dejará cuando se vaya? ¿Qué podrías hacer para amarla y respetarla más? ¿A quién puedes escuchar de verdad para entender la historia que es? Vosotros tenéis las respuestas y seguro que más preguntas…

2 comentarios en “Especies únicas y en extinción

  1. Gonzalo, qué razón tienes!!! El respeto a la individualidad de cada uno es clave, aunque no tarea fácil. El primer paso, desde luego, es creérselo. Y a ello nos puede ayudar darnos cuenta de cómo nos sentimos cuando nosotros no somos respetados. El segundo, ponerlo en práctica. Yo estoy en ello, aunque a veces me cueste!!! Gracias por el artículo.

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